Saturday, March 28, 2009

Había algo en esa corriente que te volvía la cabeza del revés. Era el mar, ese azar, que se te derramaba por el pelo y ahogaba cualquier pensamiento ineficaz, no sé, quemaba el tiempo. Eran los colores de los aerosoles y saber que quedaban colgando del aire y de las ropas, sofocos dérmicos aparte. Era la propia música, si querías bailar se te diluía todo el cuerpo a la vez y no lograbas más que unas cuantas sacudidas desfallecidas y aún así, aún así, terminabas por los suelos del cansancio cuando la radio tenía la gentileza de callarse. Y sobre todo era discutir cardúmenes violetas en el suelo, pulpos tortugas marinas tiburones belugas revolviendo el asfalto tres cuatro minutos, en un cromatismo asombrante.

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