
A mi padre le enervaba que yo no tuviese mente de turista. Me podía señalar el Obelisco mil veces, y a mí me iba a seguir interesando más el hecho de que Buenos Aires gritara las estrellas. Mi hermano era otra cosa: le fascinaban todas y cada una de las estatuas de los múltiples próceres a caballo que pastaban por la ciudad, y casi se ahoga de gusto cuando fuimos a la casa donde vivió un poeta que realmente ninguno de nosotros conocía. Y yo, haciendo gala de una ordinariez terrible, me ponía a adoptar piedritas del suelo, a perderme en la librería más grande que vi en mi vida, a pegar saltos entre las baldosas del barrio colonial y a declararme con la mirada a los tragafuegos del parque Lezama. Uno de ellos (el que olía a musgo y cuya cara era la mismidad de la noche) me encasquetó un gorro de bufón con tres cascabeles violetas y después empezó a cantar Muchachas ojos de papel. Y para mí ése recuerdo es más importante que todos los museos de Argentina. Descubrir un graffiti reproduciendo versos de Idea Vilariño
(para qué quiero vida vida vida
tensa borracha ardiente loca vida
para qué)
me volvía mariposa y lo preferí a la arquitectura hispánica propia de la Iglesia de San Ignacio.
Qué vergüenza.
(para qué quiero vida vida vida
tensa borracha ardiente loca vida
para qué)
me volvía mariposa y lo preferí a la arquitectura hispánica propia de la Iglesia de San Ignacio.
Qué vergüenza.

5 SUBTERFUGIOS:
No es malo volverse mariposa,sea dónde sea,si realmente vuelas con ganas locas y te pierdes en momentos que tu te quieras perder,descocados de sentido para otros.
La chiquilla mariposilla, si, pero no esta mal, ¿o acaso se puede afirmar lo que aquí es el Bien?.
Más, más, más...
Queremos pan, queremos vino, queremos una actualización colgada del bloguillo.
xD
:P
Jódanse, no tengo ganas. xD
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